hist

bToponimia
bHistoria de una villa. J.L.R.F
bVestigios de la época romana
bTierra de Campos. Aspectos Geo-Históricos.

btopm

Melgar puede tener los siguientes significados:

(Fuente: Wikipedia)


*LA 1ª EDAD DEL HIERRO. LA CULTURA DEL SOTO DE MEDINILLA
De lo que no parece caber duda es de la existencia de un asentamiento de la primera Edad del Hierro en el yacimiento de El Castro y en el contiguo de Longueras.

En ambos han aparecido piezas cerámicas hechas a mano, cocidas a fuego abierto y de pastas de notable calidad, con finos desgrasantes y delicadamente bruñidas o espatuladas.Además, en una fotografía aérea tomada en 1995 se pueden apreciar una especie de trazas fitológicas circulares, consistentes en por lo menos cinco círculos de amplio diámetro contenidos en un rodal de mayor humedad relativa, que hacen pensar en las huellas dejadas por casas de planta circular. Todos los datos parecen indicarnos que aquí, en el resalte de la campiña arcillosa sobre el valle del Cea y extendiéndose hacia el actual casco urbano de Melgar ocupando, por lo menos, la mitad occidental de la población, se asentó con toda seguridad un poblado de la primera Edad del Hierro, de los del tipo del Soto de Medinilla.También en El Palacio han aparecido restos de cerámicas hechas a mano, bruñidas o espatuladas, una de ellas con pie realzado, pertenecientes también a la I Edad del Hierro, dentro del entorno de la cultura del Soto,

lo que probaría que este otro escarpe sobre el Cea también habría sido un recinto castreño, quizá la propia extensión del de EI Castro. El lugar habría sido abandonado rnás tarde, ya que no aparecen restos de la II Edad del Hierro ni tampoco romanos, para ser luego reocupado a partir del siglo X, construyendo sobre él una fortificación terrera o mota, aún visible hoy en día. Las estructuras del primitivo castro habrían desaparecido por la propia expansión del actual núcleo urbano de Melgar hacia el escarpe.
Sin embargo, quizá estos restos de la I Edad del Hierro que nos remiten a la cultura del Soto hayan sido depositados en El Palacio más tarde, en la segunda mitad del siglo XII, cuando se levantó sobre él la mencionada mota o fortificación terrera defensiva con materiales seguramente provenientes de las labores de fosado realizadas en tiempos de Fernando II de León entre El Castro y el casco urbano, o entre éste y la propia mota medieval con el fin de aumentar las defensas de la villa.

También de la primera Edad del Hierro y dentro de esta órbita del Soto de Medinilla podíamos incluir, aunque esta vez con bastantes dudas, la estación prehistórica del enclave de Godos. Aquí parece haber dos sectores de asentamiento: uno más al sur, en torno a la laguna de Godos y al arroyo Jabarreros y otro más al sureste, en torno a la laguna de La Isla. En ambos han aparecido unos treinta fragmentos de vasijas elaboradas a mano y con diversos acabados (escobillado, alisado, espatulado o bruñido), parece que cocidas a fuego abierto por sus tonos pardos, anaranjados, grises o negros.Todo ello nos informa de su posible pertenencia a la primera Edad del Hierro, dentro de la órbita del Soto de Medinilla, aunque sólo probablemente por el vacío de hallazgos que hay entre ambos sectores. Podría tratarse de dos asentamientos independientes o, más bien, formar parte de una sola unidad ya que los núcleos de la primera Edad de Hierro suelen producir dos o más áreas de hallazgos segregados espacialmente. En la documentación medieval del entorno de Melgar aparece una villa real con el nombre de Godos cuya denominación parece indicarnos un enclave medieval; incluso la tradición oral de las gentes de Melgar nos habla de que en el pago de Godos hubo un convento. Sin embargo, sólo al sureste de este enclave han aparecido una decena de piezas cerámicas medievales (grises, a torneta y decoradas a peine) que carecen de un valor espacial concreto.Esta Cultura del Soto (nombre dado por el yacimiento emblemático de El Soto de Medinilla, cerca de Valladolid), a la que pertenecen todos estos asentamientos, se extendió por estos valles y campiñas desde aproximadamente el 850 a.C. en adelante, creando una extensa trama de poblamiento compuesta por hábitats estables y sedentarizados.

Libro en el que se basa la información aquí presentada.

Asentados en las zonas llanas de la cuenca del Duero, aprovechando lugares de fácil defensa y buena visibilidad, como cerros y escarpes (caso de El Castro, Longueras o El Palacio), aunque también los había asentados en plena campiña, en el llano (caso de Godos), llevaron a cabo la explotación de los recursos agrícolas y ganaderos del entorno teniendo un desarrollo armónico sostenido.
Por excavaciones de otros yacimientos de la misma cultura podemos pensar que los fondos de cabañas que se atisban en El Castro, nombre ya de por sí significativo, podrían corresponderse con los hábitats característicos de la I Edad del Hierro: viviendas de planta circular, cuya superficie no llegaba a superar los 30 m, levantadas en adobe y tapial, con una cubierta de paja en forma cónica y armadas con postes y ramas; en su interior tenían el suelo de adobe y las paredes podían estar decoradas con pinturas de motivos geométricos; disponían de un banco corrido adosado a la pared y en el centro dejaban un espacio cuadrangular para el hogar o fogón; algunas tuvieron una especie de vestíbulo de entrada en forma trapezoidales. Decenas de aldeas de este tipo se extendieron por toda esta región de Tierra de Campos.
No conocían el torno, por lo que todas las cerámicas que tenían estaban hechas a mano. Se dedicaban a la agricultura, cultivando trigo común, y a la ganadería, disponiendo de ovejas, cerdos y sobre todo de vacas, base de su alimentación. La producción de excedentes posibilitaba que alguno de sus miembros se dedicase a tareas no estrictamente subsistenciales, como la fundición del bronce, donde alcanzaron un alto nivel, lo que también propició una mejora del instrumental artesano. La homogeneidad de las viviendas y la apariencia de núcleos concentrados que tienen estos poblados parecen darnos a entender que no debía de haber jerarquización social entre sus miembros y que, más que en clases, estaban organizados en comunidad, siendo la familia la base de su estructura social.
El cambio cultural que suponen las diferencias encontradas entre los asentamientos del Bronce Final y los de la I Edad del Hierro, tanto en la utilización del territorio como en el nivel de vida y de aprovechamiento de los recursos naturales, sigue siendo uno de los puntos más problemáticos en el estudio de la Edad del Hierro. Aunque falta un análisis más profundo de los yacimientos a través de intervenciones arqueológicas en los mismos, de las evidencias no parece desprenderse ninguna solución de continuidad entre las dos culturas, por lo que habría habido una auténtica ruptura entre ambas, una especie de borrón y cuenta nueva, no pudiendo buscar las raíces de la cultura del Soto en el mundo de Cogotas I.
Sin embargo, para otros autores quizá podría rastrearse una evolución desde los grupos de Cogotas I, que desde fines del II milenio mantienen unas formas de vida más o menos homogéneas, hasta configurar el cambio cultural que suponen las poblaciones de la I Edad del Hierro, seguramente con la asimilación de otros influjos culturales foráneos.

LA II EDAD DEL HIERRO. LOS VACCEOS Y LA CELTIBERIZACIÓN
Parece que en torno al 450 a.C. hubo un cambio en la organización del poblamiento regional de manera que muchas de las aldeas soteñas que hemos visto, como la de El Castro, pudieron llegar a desaparecer y otras, las menos, vieron cómo se desarrollaba su urbanismo y se fortificaban con murallas y fosos, haciéndose cada vez más grandes y más complejas.
Característica de este nuevo modelo de poblamiento es, por tanto, la tendencia a la concentración de la población, formando enormes poblados jerarquizados que se sitúan estratégicamente junto a las mejores tierras de cultivo, en lugares fácilmente accesibles, dispuestos a lo largo de las vegas de los ríos o por encima de su curso fluvial, en el borde del páramo, quedando despoblado el interior de las parameras (los llamados vacíos vacceos).

Disponen de una economía uniforme basada en producciones de secano y con significativo porcentaje de tierras regables y no cultivables, además de una ganadería ovina especializada, y del desarrollo de actividades artesanales y comerciales directamente relacionadas con estas producciones y donde la metalurgia del hierro jugó un papel importante.
Sus construcciones tienen ya un carácter más urbanístico, coexistiendo todavía viviendas de planta circular con otras rectangulares dotadas con espaciosas habitaciones ortogonales y compartimentadas en estancias y silos de almacenaje, levantadas normalmente de adobe, a veces con cimientos de piedra y reforzadas con entramados de madera, que también utilizaban en las cubiertas. A las afueras del poblado se ubicaban las necrópolis, las escombreras o los espacios artesanales.

Toda esta nueva etapa, que recibe el nombre de vaccea, tiene su momento de plenitud con el proceso de celtiberización de la Meseta, durante los siglos III y II a. C. que trajo consigo que las cerámicas vacceas decoradas con motivos incisos e impresos «a peine» fueran sustituidas paulatinamente por las inspiradas en prototipos ibéricos que utilizaban el torno para su fabricación, cociéndolas en fuego oxidante y decorándolas con sencillos temas geométricos pintados. En yacimientos cercanos, como el de Melgar de Abajo, se observa la incorporación masiva y en cierto modo repentina de estas cerámicas hechas a torno, celtibéricas, aunque siguieran produciéndose cerámicas a mano.
Todo este cambio cultural que arrancaba a mediados del siglo V a. C. y que culmina, como hemos dicho, con la celtiberización del área cultural vaccea entre los siglos III y Il a.C., parece que se debió a un proceso de aculturación, por ósmosis, sin necesidad de invasiones o migraciones a ninguna escala, que convirtió a las gentes del Soto en celtibéricas, debido a los intensos contactos comerciales con los pueblos del oriente de la Meseta.
Sin embargo, en nuestro entorno más cercano, en la Tierra de Campos vallisoletana, la falta absoluta de cerámicas torneadas en los asentamientos soteños hace pensar que la celtiberización aquí, más que a un proceso de aculturación, tuvo que deberse a movimientos migratorios de gentes nuevas de la Celtiberia. Además, el proceso conllevó que la población que antes ocupaba una treintena de aldeas soteñas se concentrara en ocho o diez más grandes, lo cual parece indicar que, de no haber mediado movilizaciones o deportaciones de población a otras comarcas, los yacimientos soteños pudieron haber coexistido con los celtibéricos ya que la extensión que ocupan los primeros sin lugar a dudas es bastante mayor que la de los segundos. Por eso la cuestión, que todavía no tienen una respuesta clara y que intervenciones arqueológicas futuras ayudarán a resolver, está en saber si los antiguos asentamientos soteños como El Castro coexistieron con los celtibéricos subsistiendo con la misma tecnología y enseres que antes y, de ser así, por qué no se beneficiaron de los avances celtibéricos.

En la Tierra de Campos vallisoletana se han inventariado vestigios celtibéricos en ocho lugares siendo el más próximo a nosotros el del Casco Urbano de Melgar de Abajo, habiendo estado ocupados todos ellos antes por poblaciones soteñas por lo que, posiblemente, ya fueran antes los centros más prósperos del entorno. Destacan por su preeminencia topográfica, siendo visibles desde varias leguas a la redonda, y desde donde sería posible ver también el perfil del otro asentamiento celtibérico más cercano, quizá por una necesidad de dominar todo el espacio. Además, en la Edad Media, volvieron a ocuparse los más importantes construyendo sobre ellos un castillo o una mota.
La concentración del poblamiento y el desarrollo urbano de estos oppida indígenas, centros de territorios jerarquizados,

culminará con la aparición de las primeras civitates del territorio vacceo, como Pallantia, Intercatia, Amallobríga, Tella, Septimanca o Cauca, unas cuasi ciudades‑estado con un complejo entramado socio‑económico y cultural, sobre las que se llevará a cabo en época romana una ocupación ín extenso.
Este territorio indígena vacceo, del que tenemos noticia gracias a las fuentes clásicas por lo menos desde fines del siglo III a.C. en adelante, estaría compuesto por la suma de una serie de ciudades que, a grandes rasgos y teniendo en cuenta lo cambiante de sus fronteras, se extendería por la Tierra de Campos, los Montes Torozos, el valle del Cerrato y las campiñas meridionales del Duero. Su frontera Oeste vendría delimitada por los ríos Esla y Cea, que hartan de límite con el territorio de los astures; por el Norte la ciudad de Lacobriga (Carrión de los Condes) marcaría el límite con los cántabros; al Este, en el límite con los turmogos y los arévacos estarían las ciudades vacceas de Pallentia (Palenzuela) y Rauda (Roa de Duero); la frontera más meridional, en el límite con los carpetanos y vettones estaría marcada por ciudades como Cauca (Coca).

*(Fuente: Extractos del libro "Melgar de Arriba. Historia de una Villa" , de José Luis Rodríguez Fernández )


bvr
LA ROMANIZACIÓN
Este proceso de celtiberización terminó con la llegada de los romanos a la Península, cuya conquista iniciarán a partir de 218 a.C. y que supondrá la unificación en una misma entidad de todo el mosaico de pueblos y culturas que existía hasta entonces. El ejército romano, que ya antes había llevado a cabo algunos ataques represivos en el territorio de los vacceos y de los celtíberos, se enfrentó definitivamente a estos pueblos en un período de duras guerras que comenzó en 154 y terminó en 133 a.C. con la caída de Numancia, símbolo de la resistencia al poder de Roma. Los últimos pueblos peninsulares en pasar a manos de Roma serían los cántabros y astures, conquistados entre 29 y 19 a.C.
Tras la conquista, el territorio de los vacceos pasó en un principio a depender administrativamente de la provincia Hispania Citerior cuya capital era Tarraco. El consiguiente proceso de romanización, que sólo se logrará avanzado el Imperio Romano, supuso un importante cambio en los hábitos de vida, costumbres, organización, economía, lengua y espiritualidad de estos pueblos indígenas que estaban compuestos por comunidades unidas entre sí por vínculos de sangre y vecindad y con una lengua y religión semejantes.
Desbordaría este trabajo tratar de exponer aquí esta conquista y romanización del territorio vacceo, por lo que solamente nos acercaremos a su estudio a través de los datos aportados por los yacimientos encontrados en Melgar pertenecientes a esta época, intentando con ellos explicar las transformaciones que experimentó el poblamiento en esta zona.
Parece que, en general, las construcciones romanas son edificaciones de nueva planta, sobre suelo no edificado antes y, sin embargo, no es probable que la colonización romana de este espacio hubiera conllevado el desplazamiento en masa de la población indígena a estos nuevos asentamientos romanos sino que, más bien, la romanización consistiera en un proceso paulatino de aculturación. Además, los textos romanos de la época nos indican que la población indígena seguía ahí y no habría desaparecido. Por ello no parece acertado pensar en el declive automático de la población indígena sino, más bien, en la continuidad en época romana de emplazamientos vacceos y celtibéricos e, incluso, de algunos de tipo Soto que, como el de El Castro de Melgar, poco a poco habrían ido experimentando un deterioro de las funciones de control que antes habían desempeñado sobre su distrito hasta, posiblemente, llegar a ser abandonados muchos de ellos.


Los primeros asentamientos romanos, de época alto imperial, nuevos, responden a un esquema concentrado y esencialmente ribereño, situados muchos de ellos en las inmediaciones de los antiguos poblados tipo Soto. Dispuestos cada uno o dos kilómetros, parecen indicarnos que ya desde fechas tempranas debió de existir un poblamiento jerarquizado. Gran parte de ellos llegaron a funcionar también en época bajo imperial.
El Inventario Arqueológico Provincial no tiene adscrito ningún yacimiento alto imperial en el término de Melgar, aunque podríamos enumerar otros cercanos como los de Los Huesos, El Escorial y El Horno I, en el valle del Valderaduey, en el término de Santervás de Campos. Sin embargo,T Mañanes menciona unos restos encontrados en el pago de El Quintanar (ladrillos, tégulas, ímbrices y fragmentos de terra sigillata) que le parece pertenecen a este período alto imperial y en una campaña anterior a la del Inventario Arqueológico de

1996, localiza aquí un fragmento de pavimento decorado con teselas blancas, grises y negras que habría formado parte de un mosaico romano.
En este mismo emplazamiento, denominado por el Inventario Arqueológico Provincial como El Quintanal I, ocupando aproximadamente unas doce hectáreas y medía y atravesado en oblicuo por el arroyo Valdeñazares, se han encontrado, sobre todo, materiales constructivos como tégulas, ímbrices, lanchas y bloques irregulares de caliza y arenisca, mortero o argamasa de calicanto, además de algunos fragmentos de enlucido ‑uno de color gris y negro‑ y piezas de granito que parecen ser parte de molinos circulares. Aunque más escasos, también hay restos de cerámica, tanto de terra sigillata hispánica tardía, como de cerámica común.
Los restos de terra sigillata presentan un carácter muy homogéneo, son de pastas anaranjadas, con barniz endeble, y a veces en tono marrón, quizá por fallos en el proceso de cocción, a la que podríamos dar una cronología relativamente avanzada: el siglo V de nuestra era.

En cuanto a la cerámica común se trata de piezas de factura más tosca y de tonalidad grisácea, que formaban parte de grandes vasijas de almacenamiento tipo dolía y de platos cuenco, uno de ellos recubierto con engobe imitación rojo pompeyano.
Todo esto parece indicarnos la existencia de una instalación habitacional de cierta envergadura de época tardorromana, período éste caracterizado por la instalación de numerosos hábitats rurales y que podríamos situar entre mediados de los siglos 11 y VI d.C. Pudiera tratarse de una instalación rural, debido a que la mayoría de los materiales encontrados son constructivos; pero el fragmento de estuco encontrado, pintado en color gris y negro, así como el trozo de mosaico con teselas blancas, grisis y negras, nos pueden hacer pensar en que quizá se trate de una instalación de las de tipo
sarcozy
sa
villae, ésto es, lugares de residencia temporal o de recreo de las élites u oligarquías urbanas y, a la vez, centros de explotación agropecuaria, económicamente autosuficientes, en las que trabajarían esclavos y asalariados.
Sin embargo, y aunque las noticias recogidas de la tradición oral de Melgar nos hablan de que aquí, al arar la tierra, aparecían algunas «losas», no hay restos que nos indiquen la existencia de una posible necrópolis.Unas excavaciones recientes descubrieron cinco enterramientos excavados en pavimento. Se trata del yacimiento situado en el denominado "pago de la Ermita".En una intervención preliminar se halló importante material cerámico cuyo análisis corrobora la existencia de un asentamiento tardío-romano.

La Hispania visigoda
En suma, el territorio entre las montañas cantábricas y el Duero habría evolucionado, entre los siglos V y VIII, hacia una tendencia centrífuga y disgregadora de los asentamientos y las actividades productivas hacia la periferia montañosa del valle del Duero. Como residuos de la romanización persitirán en la Meseta las civitates, las villae y otros pequeños núcleos agrícolas gobernados por restos de la aristocracia provincial hispanorromana en progresiva síntesis con elementos germánicos que ya desde comienzos del sigloV, en concreto desde 409, se están implantado especialmente en la cuenca del Duero cuya mitad oriental, en torno a Tierra de Campos, asistirá a un episódico asentamiento vándalo, mientras que la zona occidental, desde los ríos Esla y órbigo hacia el Oeste, pasará a un dominio suevo más estable y duradero. La única resistencia a estas ocupaciones la presentarán los provinciales hispanorromanos asentados en los recintos amurallados de las ciudades, catellae y villae.

Serán los visigodos, otro pueblo germánico, al servicio del Imperio Romano de Occidente, los encargados de llevar a cabo campañas militares contra estos invasores germánicos estableciendo algunas guarniciones militares en Tierra de Campos. Estas campañas se dirigirán ‑primero con Valia en el 416 y luego con Teodorico II en el 455‑ contra ese dominio suevo, el único capaz de extenderse y consolidarse, pero nunca el área de estas acciones rebasará la Meseta en la latitud de Astorga; así la batalla del órbigo del 456 o el saqueo de Astorga, Tierra de Campos y Palencia en 457 son los escenarios más septentrionales de las campañas contra los suevos, que son contenidos al oeste de esta zona fronteriza hasta finales del sigloVI.
A partir de mediados del siglo V y durante todo el siglo VI las penetraciones visigodas, tanto de grupos aristocráticos y militares compuestos por unas cuantas familias con sus clientelas, como de masas de colonos campesinos que se fueron asentando en las aldeas, debió de ser normal en toda la cuenca del Duero cuyas tierras y población irán germanizando progresivamente. Sin embargo, parece que en nuestra Tierra de Campos, donde los restos visigodos son escasos, la población hispanorromana asentada en villae y vici debió de seguir siendo mayoritaria hasta tiempos avanzados del reino visigodo. Como evocación de la dominación visigoda nos ha quedado el nombre de Campi Gothorum (Campos Góticos) para designar a nuestra Tierra de Campos aunque, en realidad, debió de ser una denominación dada por los pueblos del Norte peninsular para el conjunto del reino de Toledo. Los visigodos llegaron a dominar por entero toda la Península organizándola en una monarquía unitaria, a cuyos soberanos se les ha dado el apelativo de ser los primeros reges Hispaniae.

Quizá debiéramos volver en este punto a analizar un poco más a fondo la información que nos proporciona el yacimiento de La Ermita‑Tras San Pedro, ya que los restos de tipología romana mencionados anteriormente (un pavimento decorado con teselas, una atarjea y un ensolado subterráneo) aparecen modificados por la construcción sobre ellos de una necrópolis que, en principio, podría haber pertenecido a una villa altomedieval, de entre los siglos X y XI, levantada sobre los restos de una anterior villa tardorromana que habría sido abandonada debido a los cambios producidos al final de imperio y con el establecimiento del mundo visigodo.De esta necrópolis, que ocuparía un área extensa, se han excavado trece sepulturas cuyos tipos no son significativos para poderles dar una cronología concreta,

además de no presentar ajuar alguno que pueda ayudar a datarlas. Una de ellas, la número 10, aparece cortada para abrir en ella un hoyo basurero donde se fueron amontonando cerámicas medievales, cenizas, tierra y otros desperdicios. La apertura de este basurero parece evidenciar un corte cultural entre dos etapas de ocupación distintas, explicable al hacerse sobre la tumba de un antepasado no conocido ya por los nuevos habitantes para los que el cementerio habría perdido ya su funcionalidad.
Una de las interpretaciones dadas a la colocación de este hoyo basurero podría ser la de que este cementerio no hubiera pertenecido a la villa altomedieval que allí se instaló sino que fuera anterior y por tanto, se tratara de una necrópolis visigoda, lo cual vendría relativamente corroborado por la tipología de las tumbas número 9 ‑enterramiento en sarcófago‑ y número 10 ‑compuesta por un ataúd con un sistema de protección a base de pequeñas piedras unidas con barro.

*(Fuente: Extractos del libro "Melgar de Arriba. Historia de una Villa" , de José Luis Rodríguez Fernández )


c
El nombre del pueblo llega en el siglo X mediante la presencia de grandes propietarios
que además unían a ello atribuciones políticas.
Este es el caso de Melgar de Arriba, al que la documentación de este siglo X llamaban:
Melgar, Castro de Foracasas y Melgare Castello.

Otros datos recabados acerca de la localidad, señalan que esta estaba situada
en una elevada cuesta.

Fue poblado en el siglo X por Hernán Mentales, que la otorgó fueros.

En 1848, Madoz señala las ruinas de un palacio o casa fuerte, que perteneció a los almirantes.
Melgar fue cortijo de criados al servicio de los monjes que habitaban el monasterio,
que era priorato de los monjes de Sahagún.

En el siglo XI los monjes abrazaban la reforma cluniacense e imponían a la población civil
un feudalismo terrible, seguramente el peor de cuantos hayan existido en España.

Esta villa llegó a poseer grandes poblados en los siglos X y XI; después desaparecieron.
Algunos fueron: Hontoria, Monasterio de S. Clemente, Melgar de Castro; hubo otros,
tales como el monasterio de Santa Eugenia en la ribera del Cea, entre los dos Melgares.

El estilo de la Iglesia de San Miguel muestra una influencia mudéjar, que al igual que otros
muchos monumentos en poblaciones de alrededor, principalmente en Sahagún.



Libro en que se basa esta información
*Una de las denominaciones comarcales españolas de mayor abolengo es la Tierra de Campos, esta gran comarca está situada en el centro de la Meseta de Castilla la Vieja y León, se extiende al Este del Cea hasta los páramos.
El nombre de campo viene dado por su significado de la palabra latina (campus, campi) que significa campiña o llanura.
La acepción más conocida de tierra de campos, tierra campa, o campiña sirve para indicar una extensión llana desprovista de arboleda destinada casi a la producción de cereales.
Los profesores (E. y R Hernández Pacheco) llamaron campiña o tierras de campo dentro de una amplia porción central de la altiplanicie del Duero, al nivel de las llanuras bajas de erosión modeladas en las arcillas miocénicas, llanuras regadas por el Duero y sus afluentes, se encuentran a una altitud comprendida entre 700 y 800 mts.
El nivel de plataformas o páramos que la rodean alcanzan altitudes que oscilan entre 850 y 1000 mts.
Las tierras de campos son tierras de agricultura cerealista de secano sobre todo trigo.

La denominación de tierras de campos corresponde a la mejor parte de la campiña que se extiende por la margen derecha del Duero. Esta tierra fue llamada por los romanos "campi palatini" en la Edad Media, la comarca campesina era conocida con el nombre de Campi Gothorum, o Campos de los Godos o Góticos. De este último nombre se pasó al de "Tierra de Campos".
El toponimio entrañaba una apreciación del contraste entre las lomas y llanuras, ya entonces desarboladas y entregadas al cultivo del cereal. A esta comarca corresponden las provincias de León ‑ Valladolid ‑ Zamora ‑ Palencia. Por las 3 primeras ciudades discurre el río Valderaduey también llamado Araduey, y después Aratoy en el siglo X.

En resumen: los vacceos situados al N. de los arevacos, se extendían por el centro de la Meseta Septentrional en zonas de la actual Castilla la Vieja y León, es decir por sectores del curso medio del Duero y sus afluentes por ambas orillas.
Ocupaban 46.000 km2 desde el Esla‑Cea al Arlanzón y del Tormes al Riaza.
En épocas posteriores los límites se desplazaron hacia el N. y se hacen llegar al S, hasta las márgenes del Duero.

Es probable que la raya de esta provincia en el Valle del Duero siguiera las lindes de vacceos, arevacos y pelendones. La mitad Septentrional de la comarca, con su vértice en Sahagún pudo estar incluida en la Gallaecia.

[alanosyv4.jpg]

En 455 alcanza la máxima extensión del reino suevo, todo el valle medio del Duero comprendía la actual tierra de Campos, pasa a pertenecer a este pueblo.
Por motivo de la conquista árabe, la comarca campesina queda muy despoblada. Durante la dominación musulmana decae el cultivo del cereal, y una vegetación de aspecto estepario se instala en los antiguos y fértiles campos de trigo y cebada. La Tierra de Campos es el primer territorio que se agregan a la monarquía asturiana. El Duero vino a ser la principal línea de resistencia cristiana.

En el siglo VIII y primeras décadas del IX existe un vasto desierto estratégico o "terreno de nadie" en la Meseta Septentrional, al N. del Duero entre la España musulmana y el reino asturiano. Este desierto creado por Alfonso I de Asturias (739‑757) vino a dotar a su reino de frontera. Fue especialmente efectivo entre el bajo Esla y el bajo Pisuerga, en territorio regado por los ríos Valderaduey, Sequillo y Salado, incluyendo el sector de las lagunas de Villafáfila.

Se trataba de la comarca que en aquella época se llamaba Campi Gothorum. Los campos Góticos se repueblan en los S.IX y X, con gentes que proceden de Galicia y de la franja Cantábrica y con mozárabes de la España Meridional.

El área típica del asentamiento mozárabe fue la de Astorga, León, Valladolid y Tierra de Campos. El sistema de praderas y árboles con regadío vino a ser sustituido por cultivos amplísimos de secano, viñas y cereales. La unión definitiva de León y Castilla se realiza en 1230. El reino leonés quedó reducido a la circunscripción administrativa cuyos límites se fijaron en la convención de Alcalá de Henares (1349). Al N. del Duero y hacia Oriente, este límite era el río Pisuerga. Así en el S.XIV el reino leonés comprendía la totalidad de la Tierra de Campos.
Al finalizar la Edad Media, el territorio campesino aparece dividido en varias merindades: las de Carrión, Monzón, la llamada de campos y la de Valladolid. A finales del S.XVIII la línea tradicional se sitúa en los confines septentrionales por Camión de los Condes.

La Tierra de Campos se presenta imprecisamente delimitada a través de los siglos.

Siglos XVIII y XIX.

Tierra de Campos queda fraccionada entre las provincias de León, Toro, Palencia, Valladolid y Zamora.

La de Palencia incluye el partido llamado de Campos. Tiene sus territorios repartidos entre las provincias de Palencia, Valladolid, León y Zamora. Tierra de Campos comprende 34 Villas o municipios de las cuales 29 pertenecen a la de Palencia y 5 a Valladolid.
A lo largo de estos siglos el territorio campesino se fragmenta entre varias demarcaciones administrativas. Ninguna de ellas coincide con los límites reales geográficos de la comarca. La denominación no desaparece. Se mantiene al margen de la nomenclatura, en el uso popular. Ello implica el reconocimiento de su personalidad geográfica e histórica.

La Tierra de Campos vendría limitada del siguiente modo:

1.- Al NW por el Cea hasta Sahagún.
2.- NE a partir de Sahagún, llegando hasta Osorno.
3.- Al E, por el Pisuerga y el Camión hasta el S. de la localidad palentina.
4.- El límite meridional vendría impuesto por los Montes Tarozos, alcanzando el Sequillo en Villagarcía de Campos, sigue por el SE, el curso del río y enlaza con el Valderaduey en las proximidades de Castronuevo, lugar en la que Tierra de Campos se encuentra con otra comarca dedicada también a la producción de cereal; laTierra del Pan.
5.- El límite occidental vapor el río Salado y llega a la confluencia del Cea con el Esla. El sector septentrional del Valle de la Lampreana queda dentro de la Tierra de Campos. Sería la porción más suroriental de la comarca.

En conjunto la tierra campesina está comprendida en su mayor parte entre los páramos palentinos‑leoneses con dos vértices extremos, uno en Sahagún y otro en Osorno.

La comarca alcanzaría una superficie de 4360 Km2 con unos contornos de polígono muy irregular, que sumarían 350 Km. 
La Tierra de Campos se extiende entre los ríos Cea y Pisuerga, comprendería, tanto sectores del páramo detrítico, situado en el N., cómo de los páramos calcáreos del E.
Aparece Tierra de Campos con unos contornos de forma más o menos elíptica, la comarca se extiende entre el Cea y el Pisuerga.
Dentro de la superficie atribuida a la Tierra de Campos existen algunas áreas relativamente pequeñas, de suelos de composición física distinta de la típica Tierra de Campos.
Tierra de Campos es una amplia campiña modelada en los materiales arcillosos del Mioceno medio. Ofrece un paisaje llano, suave, alomado, tan solo roto por las terrazas del río Cea. Sus suelos son rojizos, pardos fuertes de buen tempero, muy aptos para el cultivo de cereales en difíciles años de sequía o abundantes lluvias.
La extensión de los términos municipales que comprenden la comarca, total o parcialmente, es de más de medio millón de hectáreas (550.273).

PAISAJE:
La dificultad en el paisaje viene dado por su clima, es continental, temperaturas extrema y precipitaciones escasas contribuyen a la ausencia de árboles en la región, a excepción de las choperas en las riberas de los ríos. En su mayor extensión ofrecen un aspecto desolado.
La uniformidad de este paisaje está ocupada por el extenso conjunto de campiñas que desde los ríos Esla y Cea por el Oeste se prolongan hasta el pie de Peña Amaya.
El relieve de las campiñas responde a las formas modeladas desarrolladas esencialmente sobre arcillas y arcillas arenosas de origen fluvial y lacustre entre los que se intercalan bancos areniscos de poco espesor. Próximas a los ríos principales aparecen acumulaciones de gravas que han evolucionado hacia la configuración de plataformas características de terrazas.

CLIMA:
El clima es de tipo mediterráneo frío: Eswcárácter de frío, rasgo primordial del dominio continental, se debe a la elevada altitud de la región, por ncima de los 700 metros, y por la frecuencia de tiempo despejado que facilita la irradiación nocturna que es el principal factor de enfriamiento. Propios del clima mediterráneo son la aridez estival, provocada por la latitud de la provincia al abrigo de las perturbaciones y la irregularidad anual, tanto en el régimen térmico como en el pluviométrico.

Se caracteriza por la duración e intensidad del frío en invierno, siendo superado ampliamente el trimestre invernal astronómico, con frecuentes nieblas y heladas que persisten de Diciembre a Febrero y no resultan insólitas en Mayo u Octubre, lo que originan serios riesgos en los periodos de floración vegetal. El verano introduce fuertes variaciones térmicas entre el día con máximas elevadas y la noche con mínimas frías, oscilando la diferencia en un intervalo de 16 a 18°C, en Julio y Agosto, los dos meses propiamente estivales.


Zona de Huertas en la ribera del Cea. Otoño 2009
La Primavera y el Otoño; no pasan de ser meras estaciones intermedias, inscritas en los meses de Mayo a Junio y Septiembre a Octubre, respectivamente, siendo la duración de ambas inferior a los dos meses señalados. El Otoño suele ser muy irregular y algo más corto que la primavera, la cual alberga temperaturas y lluvias muy variables pero de gran transcendencia ecológica y agraria. Pluviosidad: Los dos periodos que registran las precipitaciones más abundantes van de Octubre a Diciembre y de Marzo a Junio, sin embargo la media anual provincial se halla entre los 400 y 500 mm. Las precipitaciones son escasas con respecto a las temperaturas, debiendose a la situación de la provincia con respecto a la circulación atmosférica y no por hallarse en el centro de una cuenca circundada uor un relieve montañoso sobre el que descargan los frentes originando un área seca tras ellos, en la que el relieve llano se muestra insuficiente para provocar nuevas precipitaciones.

Disminución de las precipitaciones invernales y desplazamiento de estas, hacia la primavera, quedando reducida en toda esta amplia llanura a unos 400 mm. Y esta es la causa por la cual, los ríos llevan poca cantidad de agua.

VEGETACION

Dadas las condiciones climatológicas que tenemos, se desarrolla una cobertura vegetal limitada a especies adaptadas a los fríos invernales y a la aridez estival como: Quercíneas y Junqueras en los páramos.
La ordenación natural no es tan responsable de la configuración del paisaje vegetal como lo es la herencia histórica basada en la intensa explotación de sus suelos.
Las deforestaciones, el pastoreo o los incendios, han ido liquidando bosques en favor de la agricultura y los pastizales, desde la época prehistórica. En este paisaje rural encontramos bastantes matorrales de retama y pequeños arbustos aislados de rosal silvestre (Rosa canina).
Solamente tenemos hondonadas con suelos frescos y en las orillas de los cursos fluviales se desarrolla la vegetación de ribera.

Camino entre Melgar de Arriba y Bercianos. Agosto 2009.

En el caso de nuestro río Cea se muestra frondosa en chopos, álamos mezclados con fresnos, sauces y negrillos.

RED HIDROGRÁFICA:

Está formada por los ríos de escasa fuerza , tienen un caudal muy irregular e insignificante, en conjunto. Las oscilaciones varían considerablemente de unos años a otros. Presenta gran contraste entre los meses de invierno y primavera, y entre los meses de verano y el otoño. Las precipitaciones son de escasa cuantía en los valles del Cea y Valderaduey, el índice supera los 400 mm anuales, sin llegar a los 500 mm,estas lluvias se producen principalmente en las estaciones intermedias como el Otoño.

LOS RÍOS:


Imagen del río Cea a su paso por Melgar. Agosto 2009
El río Cea: Nace en el norte de la provincia de León en Prioro. Su longitud es de 170 Km aproximadamente.
Separa virtualmente a las provincias de León y Valladolid y entra luego en la de Zamora, dejando al este la comarca de Tierra de Campos, para unirse al río Esla en las cercanías de Benavente, en el término de Castrogonzalo.
Excavando su valle actual entre el páramo leones y el Mioceno de Tierra de Campos, en un proceso cuyo resultado ha sido la disimetría de la ladera. El margen izquierdo del río está caracterizada por un escarpe de hasta 40 metros de desnivel, marca claramente su límite comarcal de Tierra de Campos al menos desde el punto de vista morfológico. A lo largo de toda su ribera tiene vegetación, sobre todo chopera.

El río Valderaduey: Nace en Renedo en la provincia de León. Su longitud es de 185 Km aproximadamente, atravesando León, Valladolid y Zamora desembocando en el río Duero en la ciudad de Zamora.

Está todo él excavado en las arcillas miocenas y dentro del espacio comarcal de Tierra de Campos, es más representativo que el Cea, con menos caudal y apenas poca vegetación en cuestión de arboleda.

Estos ríos, en verano llegan a secarse a causa de pocas lluvias, durante el invierno y primavera, y a parte los riegos en verano, por eso se ve limitado por el descenso y desaparición de su caudal precisamente cuando más falta hace. Sin embargo, el Cea, en el verano de 1.994 se ha regulado con agua del Pantano de Riaño, y actualmente ya existe el trasvase Cea‑Valderaduey que sale desde Galleguillos.

El agua de estos ríos no es apta para el abastecimiento de las personas.

*(Fuente: Extractos del libro "Melgar de Arriba desde El Palacio" )

Más información sobre el pasado de Tierra de Campos masinfo

: